Como ayudar a tus hijos a regular el miedo

November 4, 2014

 

Todas las emociones tienen un objetivo adaptativo. El miedo tiene como función protegernos de posibles peligros y/o preparnos para enfrentar una situación amenazante.

 

Si lo piensas de esta manera, es bueno que los niños sientan miedo. El miedo los protege de situaciones peligrosas como el fuego, cruzar la calle o hablar con un extraño. Y por otra parte, los prepara para enfrentar situaciones amenzantes como una disertación o resolver un problema con un amigo.

 

El problema es cuando es excesivo, cuando persiste una vez que pasa el peligro o cuando se le teme a algo que no va a pasar.

 

Cómo ayudar a mi hijo a manejar sus miedos

 

Cuando un hijo está asustado, no se debe cometer el error de sobreprotegerlo o “mandarlo a los leones para que se haga valiente”.

 

Cuando sobreprotegemos a un hijo, aunque les parezca dificil de creer, lo que en verdad estamos haciendo es aumentar sus miedos. Indirectamente le trasmitimos que es terrible y peligroso lo que está pasando y que no es capaz de enfrentarlo solo.

 

La sobreprotección puede ser útil en el momento, pero a la larga va haciendo al niño cada vez más temeroso, dependiente y vulnerable ante situaciones de estrés.

 

Por su parte “mandarlo a los leones para que se haga valiente” no es una buena idea tampoco. Cuando exponemos a un niño a una situación temida sin ningún tipo de asistencia o contención, el niño siente más temor del que debería sentir. Cuando esto ocurre, dependiendo de su temperamento y características de personalidad, pueden ocurrir dos cosas: o el niño se vuelve cada más proclive a la angustia, o se construye una coraza para esconder lo que siente (con todo el daño que eso implica).

 

¿Qué debemos hacer entonces?

 

Cualquiera sea la situación, cuando nuestro hijo está asustado necesita que lo ayudemos a calmarse y a enfrentar y/o resolver la situación que lo tiene mal.

 

Cada vez que hacemos esto, indirectamente les enseñamos estrategias de regulación, les transmitimos que sentir miedo no es terrible, estimulamos su desarrollo cerebral, promovemos una relación de apego seguro y le damos la oportunidad de ganar confianza en sí mismo.

 

En mi libro “Apego seguro: cómo relacionarte con tu hijo después de los dos años” propongo un diagrama de regulación emocional que consta de 7 pasos:

 

  • Regularse uno: Para ayudar a un niño a regular sus miedos, debemos estar tranquilos para poder transmitirle la confianza que necesita para calmarse (tanto verbal como no verbal).

  • Sintonizar con el estado mental del niño: Conectarnos con lo que está sintiendo y con lo que necesita. ¿Es miedo? ¿Está asustado realmente? ¿Estará celoso? ¿Necesita hablar? ¿Un abrazo?

  • Reflejarle su estado mental: Poner en palabras lo que le pasa, por ejemplo, “parece que tienes miedo” “¿Estás asustado?” “Te noto inquieto”. Esto tiene importantes beneficios educativos, genera calma y conecta ambos hemisferios cerebrales.

  • Permitir y/o promover expresión emocional adaptativa: Permitir que el niño exprese lo que está sintiendo (o motivarlo hacerlo). Aquí es el niño quien pone en palabras lo que le pasa. Esto no solo le permite liberar tensión, sino sentir que tiene cierto control de la situación. Si al expresar lo que le pasa hace algo inadecuado (como pegarse) es necesario establecer límites. Por ejemplo “No hagas eso. Sé que estás muy asustado, pero morderte los dedos no te va ayudar”.

  • Ayudar a calmar: Ayudarlo a recuperar la calma a través del uso de estrategias de regulación (como por ejemplo respirar, cambiar de foco de atención, dibujar). Cuando se trata del miedo, es muy importante enseñarles a tranquilizar el cuerpo (por ejemplo las pulsaciones cardíacas). Con niños pequeños resulta útil que le hablen a su cuerpo. Que le digan que se dieron cuenta que no va a pasar nada, por lo que no es necesario que siga asustado.

  • Reflexión guiada: Una vez que el niño está lo suficientemente tranquilo para hablar, se le debe ayudar a aprender de la experiencia. Aprender por ejemplo que cuando uno está asustado ve las cosas peor de lo que son, que mientras más enfrentamos las cosas menos miedo sentimos, que una vez que nos damos cuenta que estamos fuera de peligro es importante calmar nuestro cuerpo, etc.

  • Refuerzo: Reforzar cualquier conducta positiva que haya tenido durante el proceso de regulación.

Aquí va un ejemplo para que puedan ver en la práctica cómo se pueden aplicar cada uno de estos pasos:

 

La otra vez mi hija mayor de 4 años despertó muy asustada porque había tenido una pesadilla. Al ver su carita de angustia le dije “Algo te pasa, parece que estás asustada” (sintonización, reflejo). Me respondió “Si, tengo miedo” y se puso a llorar. La abracé, la dejé llorar un poco y le pedí que me contara porqué estaba asustada (expresión). Me dijo “Es que tuve una pesadilla muy fea y me da susto contartela”. Le dije que si no me contaba, se iba a quedar con el miedo adentro, que le haría bien sacarlo para afuera. Le pregunté si acaso me la quería dibujar y me dijo que si (expresión, estrategia de calma: dibujar). A penas comenzó a dibujar, se comenzó a tranquilizar.

 

Dibujó un monstruo que la perseguía. Le dije entonces “Que pesadilla más fea, con razón estabas tan asustada” (reflejo). Me asintió con la cabeza. “Vamos a hacer algo entretenido. Te tinca si le dibujamos cosas chistosas para que deje de darte miedo?” “Ya!!!!”, me contestó (estrategia de clama: cambios de foco de atención, uso del humor). Entonces le dibujamos un gorro de cumpleaños con el que tapamos su cuerno y un chupete que le tapó los dientes. Mi hija comenzó a disfrutar tanto la actividad, que además le dibujó una cáscara de plátano, pestañas y un anillo.

 

Cuando terminamos de reírnos, le pregunté “¿Viste que fue buena idea sacar el miedo para afuera?” (reflexión guiada) y me contestó que sí. “¿Y que sirve imaginarnos lo que nos da miedo como algo chistoso?”.  Me asintió con la cabeza y se volvió a reír. Entonces le dije fuiste muy valiente y le di un beso (refuerzo).

 

Es importante aclarar que si los miedos son muy intensos, puede ser necesario hacer otras cosas, tener mucha paciencia y/o pedirle ayuda algún profesional. ¡Espero que les haya servido!

 

Andrea Cardemil Ricke

Mamá de 3

Psicóloga Infanto-Juvenil

Magíster en Psicoterapia Integrativa

Diploma en Terapia de Juego

Diploma en Manejo Interdisciplonario de las dificultades del Escolar

Autora del libro "Apego Seguro: Cómo relacionarte con tu hijo después de los dos años"  y "Separarse con niños pequeños: cómo seguir nutriendo tras la ruptura" de (Ediciones B).

 

 

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Psicóloga Andrea Cardemil

 

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